11 de julio de 2016

Raquel Graciela Fernández




PRETTY IN PINK

Prólogo

Pretty in Pink es un poemario donde su autora nos concede introducirnos en la intimidad sin camisón de sus orfandades, de la codicia y el frío. Del dolor que rompe e irrumpe drásticamente en su infancia, para marcar el rumbo de su destino quedando a las malas de un dios en el que no cree y quiere creer y se pregunta (desde la distancia con que ve el egoísmo de su abuelo paterno), para qué una tele color si el hambre y los dibujitos animados  eran monocromáticos.

Raquel persiste en recurrir (lo necesita), a los pájaros y mariposas porque sus alas son el vehículo para soltar sus fantasmas  con sorprendentes metáforas envenenadas de belleza, ironía y mordacidad. Sus poemas ríen con profundo sarcasmo su risa más dolorosa con finales abruptos, inesperados y eficaces.

La utilización de personajes de películas, actores, cuentos infantiles, novelas, son recursos que le permiten desde el lugar de tercera persona, expresar sus frustraciones, su bronca, su soledad de sal sobre la piel ardiendo y, desde ese mismo lugar cae, se rompe, viste de rosa, se recicla. Renace.

Este libro de Raquel,  confesional y perturbador provoca, desde la causticidad, la sonrisa oportuna que otorga tiempo  para inspirar profundo y sacarnos del ahogo extraordinario, con una traqueotomía a pico de pájaro o aguijones de estrellas de algodón.

Una obra para sentarse a la falda de sus poemas sabiendo que, si de Raquel Fernández se trata, difícilmente puedas levantarte sin acariciar los bordes de tus propias, sangrantes, cicatrices.

Mónica Angelino

Poeta, Gral. Rodríguez



PRETTY IN PINK 



Todavía no tengo amantes. 

Tengo, sí, 

un sombrero donde guardo los nombres 

de todos los hombres que me quitan el sueño. 

Algunos son altos y rubios. 

Otros tienen la grosera costumbre 

de darme siempre la espalda. 

Todavía no tengo amantes pero tengo un vestido rosa 

y estoy desnuda debajo del vestido. 

Y debajo de mi desnudez están los hombres 

que me mojan el sueño. 

Podría tener amantes si quisiera. 



Todavía no tengo amantes. 

Tengo, sí, 

un mechón de pelo rubio 

para parecerme a Madonna 

y un cuerpo dulce como la lengua de las mariposas. 

El alfabeto del agua me nombra. 

Niña traspasada por el aguijón del alba. 

Heredera del sueño de los peces. 

Todavía no sé 

si quiero escribir poemas o quiero ser feliz. 

A veces siento que mi vestido rosa

es una mordaza.



Todavía no tengo amantes. 

Es 1986 y yo todavía no tengo amantes. 

Tengo un sombrero, 

tengo un mechón de pelo rubio, 

tengo un vestido rosa. 

A veces soy Molly Ringwald. 

A veces soy Kim Basinger.

A veces soy mi madre antes de que la vida 

le cruzara el rostro con una cicatriz de buenas costumbres.

A veces estoy vestida. A veces, desnuda. 

A veces estoy llorando. 

Podría tener amantes si quisiera.

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